ARCANO POLÍTICO09 Noviembre 2008 Agradecimiento Mario Luis ALTUZAR SUÁREZ Se acepta. Pero ¡qué doloroso es resignarse! Ese misterio de la Muerte. Sigilosa. Acecha en cualquier esquina de la vida. Se sabe que es un paso natural de la Vida. Ilustrados, conforme a las formas de doctrina y creencias, creemos estar preparados para ese momento. ¡Qué pequeños somos! Y el dolor muerde el alma. Una experiencia mayor cuando se trata de un hijo. Así la viví. Sabía desde que llegó a estos planos, que sería breve su estancia. Llena de lucha contra la adversidad de la materia. Entregado a dar el amor absoluto. Beberse el espacio en esos ojos tan llenos de energía. Manifestación Divina de la Fuerza de Voluntad, Fuerza de Amor, Fuerza de Luz. Quien le conoció, se maravilló del bello candor amoroso y libre que irradió. Desde los médicos y enfermeras del Hospital Nacional de Perinatología en su llegada el 26 de octubre de 2007 a los de Pediatría del Hospital 2 de octubre del ISSSTE y del Hospital Infantil de México Federico Gómez, hasta los amigos, conocidos y familiares. Y luchó por estar con nosotros. Una batalla de un año y nueve días. Sin importarle su sufrimiento. Con un abrazo, un beso, un cántico, era feliz. Bastaba para darle seguridad y confianza. Había momentos en que sus ojos recibían imágenes ocultas a nuestros ojos. Platicaba en esos sus balbuceos, con alguien invisible a nosotros. La primera enseñanza que proporcionó fue hacer verdad en nuestra cotidianeidad, vivir el momento. Sin pensar en el futuro para ignorar la angustia y la impotencia de que se presentase el momento de su partida de estos planos y su retorno al seno del Creador de los Universos. Aprendimos a disfrutar el momento de vida. El siguiente, ¿quién sabe? El Padre Nuestro indica en una frase: “Hágase tu voluntad, Señor, en el cielo como en la tierra”. Y lo repetíamos a cada instante. Con el inconsciente de recibir el milagro de tenerle mucho tiempo. Con la esperanza de que se cumpliese el principio lógico y natural de que primero parten los padres y después los hijos. Cada signo de desarmonía en ese templo, cada estancia en las frialdades hospitalarias, cada distanciamiento de poder sentir la ternura de su cuerpo en nuestro regazo, mostraba nuestra pequeñez al ser incapaces de practicar esa oración de “hágase tu Voluntad que no la mía”. Un temor que invadía el alma. De recibir la noticia, para nosotros trágica y para ese pequeño ser de amor, de un descanso en la lucha que lastimaba su cuerpo. Tal vez la fuerza de la costumbre del egoísmo protagónico encubierto del amor para tenerle siempre que ciega a la angustiante realidad del amoroso que luchaba por darnos vida. Nuestro corazón tiritó de miedo el 30 de octubre de 2008. Se fue y lo regresamos. Después corrimos al hospital. Profanó la ciencia ese templo con un tubo y un respirador artificial. Nuestra justificación: ¡Salvarle la vida! Satisfechos de haberlo logrado, el dos de noviembre vivimos a su lado el doloroso des entubamiento y su lucha individual para darnos el placer de que vivía. Impotentes de auxiliarse en su angustia física. El dictamen médico tan frío, ajustado a sus dogmas científicos: Si no resiste será entubado de nuevo, con la posibilidad de practicarle una traqueotomía. Ese tres de noviembre, ya se había lastimado su aparato respiratorio por las aspiraciones. Una sentencia de condenarle a un respirador artificial, ajeno a la dignidad de un hijo de Dios. Hay quien dice que no existen las energías superiores. Y se atribuye a la casualidad natural. Sin embargo, los eventos del cuatro de noviembre, se dieron en una forma como si hubiesen sido preparados. A las nueve horas se me informó que el niño había partido a las ocho horas. Una hora después de que se fue la mamá y una hora antes de que llegase para acompañarle. El dolor mordió el alma. Provocó la tentación de renegar. Algo me fortaleció en la oración para agradecer al Padre Eterno la Gracia de haberle tenido, agradecer al hijo su compañía pese al sufrimiento padecido. Es cierto. Le seguimos llorando. En ese momento en que entramos a su cuarto y esperamos verle. Pero el mismo día de su partida, trajo a los amigos distanciados. Y nos enseñó la Fuerza del Perdón. Haciéndole vida en nuestro corazón. Y le sentimos en nuestro corazón. Sabíamos pero no comprendíamos que este Hijo de Dios nos fue dado en custodia un breve periodo de tiempo. Que el Espíritu vuelve a Dios que lo dio y la materia regresa a la tierra en donde pertenece. Que en su residencia se manifestó el Amor Divino cumpliéndose el Nuevo Pacto de la Alianza del Hijo con el Padre. Para mostrarle nuestro agradecimiento debemos conducirnos con los principios de la Enseñanza que nos legó: Luchar hasta el último minuto, entregarse en dar amor, perdonar a nuestros amigos distanciados, enemigos y adversarios, y vivir cada minuto como si fuese el último, con el agradecimiento al Eterno por sus bendiciones. Al darle el justo valor a las cosas desechamos la quejumbrosa filosofía de vida de lo que falta para ser diferente y agradecer a la Divinidad por todo lo que tenemos, reconocer a los seres que nos aman. En fin, todavía falta descifrar otros puntos de esta Enseñanza tan intensa que recibimos con este Hijo de Dios que nos visitó. Arcano Político es importante. Pero hoy consideré más importantes compartir con ustedes esta experiencia de un padre que aceptó que se haga la Voluntad de Dios. Y el llanto no sé cuando termine. Pero la ternura del recién ido, que creó Arcano Radio, estará por siempre en mi corazón. Nos escuchamos de 13 a 15 horas de lunes a viernes en Arcano Informa por el ciberespacio en www.arcanoradio.com asociada a Radio Naciones Unidas, emisora insignia de www.arcanorevista.com. |
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