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27 Enero 2009 Pablo Morales Abstencionismo electoral, ¿gana o pierde? Cuando en un proceso electoral decimos que “ganó el abstencionismo”, nos queremos referir a que la mayor parte de los ciudadanos en condiciones de votar no lo hace; por eso decimos que “ganó el abstencionismo” o sea esa gran mayoría de ciudadanos desencantados por los partidos políticos y por la forma de la política en México. El abstencionismo representa poco más del 60 por ciento de los ciudadanos, pero en el sentido estricto de la palabra el abstencionismo no “gana” una elección, porque de ganar no tendríamos el presidente, ni los diputados, ni los senadores o cualquier otro funcionario que se “elige” en un determinado proceso, mismos que lo determinan un porcentaje muy reducido de ciudadanos que sí ejercen su derecho a votar. En este proceso hay riesgos de que el abstencionismo supere todos los porcentajes anteriores debido a la situación que prevalece al interior de los partidos políticos, pero también se debe a la forma en que gobiernan estos partidos políticos y a la situación de crisis económica y de seguridad pública en todo el país. No se ve cómo los partidos políticos puedan incidir en el ánimo ciudadano para que la participación ciudadana sea positiva en este proceso; por el contrario, sus acciones parecen estar más enfocadas a desalentar esa participación que a generar las condiciones favorables para una mayor concurrencia. La democratización del Estado mexicano o la transición democrática que enarbolan los partidos políticos en sus discursos quedó difuminada. Hoy, todos los partidos políticos designarán a sus candidatos a través de decisiones centrales en las que no podrán participar las bases militantes, porque de abrirse esa participación se caería en el grotesco escenario que ha exhibido el PRD en todos sus procesos internos. En México, y quizá en muchos otros países más, los militantes de los partidos políticos no han sido capaces de actuar ni acatar reglas claras, tampoco de actuar bajo los principios de imparcialidad, certeza y honestidad. La ciudadanía se ha dado cuenta que los partidos políticos no tienen una doctrina ideológica bien acentuada, pues lo mismo les da aliarse con uno y con otro en cada proceso. Pueden ir unidos en una elección federal, pero ser irreconciliables en un distrito, o viceversa. Esto sucede con el PT, Verde Ecologista y Nueva Alianza, que pueden aliase tanto con el PAN como con el PRI o PRD de acuerdo a las circunstancias nacionales y locales. El otro asunto es que los partidos políticos intentan ganar la simpatía de esa reducida minoría de votantes a como de lugar. Aparte de las consabidas despensas y el uso de programas gubernamentales -de las que ningún instituto político se escapa-, los partidos intentan hoy explotar las graves condiciones de inseguridad para generar atracción electoral. De esta manera, tanto el PRI como el PAN y el Partido Verde Ecologista vienen impulsando la idea de una iniciativa para la implantación de la pena de muerte para secuestradores y narcotraficantes en nuestro país, así como para policías que ayuden a estos delincuentes. El asunto se reduce a una mera estrategia electoral de estos partidos pues de otra forma deberían iniciar un debate sobre nuestro sistema judicial, lo cual se encuentra corroída por una grave corrupción que podría ajusticiar a inocentes en un escenario donde la pena de muerte fuera un hecho. En comicios anteriores, la bandera electoral del PAN fueron los temas de la inseguridad y el desempleo. Hoy recordamos los spots televisivos en los que el PAN exponía las graves condiciones de inseguridad y desempleo en nuestro país, así como su promesa de acabar con esos problemas para tener un México mejor; sin embargo, en más de 8 años de gobierno panista nos hemos dado cuenta que estas condiciones se agravaron notablemente. El PSD está todavía más desubicado. Sus dirigentes no encuentran todavía una estrategia efectiva que les permita ganar presencia entre la ciudadanía. En su desvarío han determinado seguir dos planes supuestamente efectivos: impulsar el proyecto para la legalización de las drogas y postular candidatos que han generado polémicas dentro de la política y de la farándula. En este caso tenemos que postularían a la ex jefa de Gobierno del D.F., Rosario Robles; al ex perredista Ramón Sosamontes; al ex legislador panista “Pancho Cachondo” y a la ex Big Brother, “la Chiva”. Las posiciones en un órgano de representación popular deberían ser más respetadas, pues no se tratan de cargos para un circo o para una olimpiada. Las condiciones en que se encuentra nuestro país requieren de personas con experiencia y honestidad en el quehacer político. Los partidos políticos necesitan algo más que eso para ganarse la confianza de todo ese electorado abstencionista, pero parece no haber fórmula adecuada. A los abstencionistas les da igual que gane o pierda cualquiera porque sienten que “todos son iguales”, y les es indiferente participar porque sienten que de todas maneras seguirán igual como si salieran a votar. En cambio, los que votan dicen que el abstencionismo gana cuando no hay mayoría participante, pero nosotros decimos en un juego de palabras que el abtencionismo no gana, sino que “pierde ganando” porque no participa. De todas maneras, en este proceso los partidos políticos se disputarán entre el 35 y 40 por ciento de votantes en el país, de tal modo que el alto porcentaje de abstencionismo seguirá imperando indiferentemente. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla 9621105090 |
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